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sábado, 15 de junio de 2013

Sweet Movie (1974)



Dirigida por
Dusan Makavejev

- ESENCIAL -

Los sueños o nuestras fantasías suelen ser positivas o complacientes para nosotros. Los sueños son buenos, nos dicen. Tienen que serlo, porque o sino los sueños no serían sueños sino pesadillas. Los sueños como son sueños y no pesadillas entonces los sueños son dulces. Por lo tanto los sueños son dulces, inevitablemente. Y es porque el dulce sabe a rico y no sabe a feo. Si el dulce supiera a feo en vez de saber a dulce entonces no sería un dulce sino sería agrio. Y he aquí el problema: todos sabemos que el dulce se ha corrompido cuando deja ser dulce y se vuelve agrio.

Makavejev entonces hace una película dulce que en vez de ser sin sabor sabe a todos los colores. Y es sin duda dulce: hay azúcar, chocolate y huevos. También hay orina, heces y sangre. No deja de ser lo mismo: todo es natural. Pero también hay artificio en la película: el macho afeminado, precioso por fuera, delicioso por dentro. Escarchado, estereotipado, un producto de la industria con emociones incontrolables - y sin duda, con un gran apetito -. No hay nada diferente al negro superdotado (El fisicoculturista Roy Callender), el placer sin límites: un chocolate de inevitable penetración. Y la modelo, ascendida al mundo de los placeres por su virginidad y explotada al máximo por las delicias del mundo. Ella al final se ahoga en el chocolate. Este final sin duda no es manufacturado.

Makavejev tiene esta, una y mil formas más para hablar de los dulces como la verdadera naturaleza de la utopía… No es una película utópica, advierto, más si una película sobre la utopía. La capitana Anna Planeta (Anna Prucnal) se da cuenta de eso cuando la misma película la ha traicionado, siendo agarrada “in fraganti” con sus muertos. No existe, entonces, solo la necesidad de exclamar oscuramente al comunismo a través de metáforas; Makavejev no ha inventado una película de ideas desconectadas, ni una película de metáforas: la película es una metáfora sola que despliega diversos intereses (los de Makavejev) que se encuentran siempre en algún punto de los diversos sketches que conforman la cinta – y los géneros cinematográficos como el musical y el documental que el mismo autor utiliza y destruye -, los cuales ha encontrado como forma propicia para no solo dictar una idea sino de desplegarla con una única imaginación fílmica.

Sweet Movie es una experiencia. Las ideas transformadas en esa única metáfora no pueden transmitirse de mejor manera que a través de la experiencia. Por eso el azúcar es pegajoso y el vomito da asco. No es una conglomeración de “dictaciones anti-comunistas” (Si es que algún salvaje pueda ser capaz de hablar de esa manera) sino al contrario es el momento cinematográfico, en donde las ideas políticas se intercambian por medio del lenguaje del cine. Es una película sin un partido político que lo respalde – un punto político si, un partido no -, y es por esto que esta película sigue siendo importante: aunque oscura, decadente y tristemente utópica que puedan parecer los ideales de todos estos extravagantes personajes, el cine de Makavejev siempre exclama por la libertad de los hombres. El cine actúa como un reflejo exacto de sus excesos. El último fotograma de la película es la figura literal de lo que acabó de escribir: los muertos reviven porque no están muertos, y pasa un tren como un reloj sin tiempo. El blanco y negro se ha derretido, hemos vuelto a la realidad. Makavejev SI manipula los sentidos de sus espectadores pero no sus ideas. Y es por eso que el final es un respiro inmediato a los espectadores, un polo a tierra. Makavejev no los está engañando, él mismo les dice que están viendo una película todo el tiempo.

Sin duda, es una película de su generación, una época contracultural en donde muchos artistas encuentran la inevitable necesidad de entablar relaciones entre los ideales políticos, el sexo y la confrontación de estos pensamientos y relaciones entre la vida y la muerte. Pasolini acabo cometiendo el último acto de nihilismo cinematográfico al año siguiente con Salò; o los 120 días de Sodoma (1975) y el cine europeo encuentran descarnadamente a una generación de post-guerra consciente de su pasado (aunque no sé si de su futuro). Y tal vez la utopía en sí muere con Pasolini – en conjunto a su asesinato – pero quizás no el nihilismo, que aún se confunde hoy en películas de explotación que ni siquiera tienen las ganas de entretenernos ni tienen el descaro de tener un poco de la ingenuidad ofrecida por la exageración del grand-guiñolesco. La realidad se ha consumido al cine y eso (a veces y mal hecho) no vale. Sweet Movie, no puede mantenerse como una lección histórica, o como un documento sobre el estadio político de Europa. Es una película con imaginación que logra interpretar, re-interpretar y seducir sin derretirse. En fin, es un helado de esos que no existen… un helado de película que no tiene marca registrada.

 Esta película fue presentada en el Cine Club de la escuela de cine Black Maria, en la ciudad de Bogotá, el día jueves 14 de Febrero, del 2013. Tuvo una reacción bastante interesante, reacción en la cual también está basada la previa reflexión.

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