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domingo, 4 de agosto de 2013

BLOOD FEAST


Herschell Gordon Lewis
Estados Unidos - 1963

Herschell Gordon Lewis no es nada sutil en cuanto hablamos del tratamiento vía hemoglobina que la da a sus películas. Muchos años antes de entrar en la corriente del genero del terror, él se encontraba explotando otros sub-géneros más rentables dentro de la línea de explotación que el manejaba yendo desde los Nudies hasta esas crueles películas llamadas Roughies.

Y de los Roughies, Lewis hace una de sus películas emblema SCUM OF THE EARTH, cuya protagonista Alison Louise Downe, quien hacía en ese melodrama juvenil violento a una chica condenada a ir al infierno por tomarse fotos atrevidas para ingresar a la universidad, escribe más tarde el guión de este infame y grotesco shocker que, de alguna forma, se ha convertido en una película de culto para los amantes del gore, proclamándola como el pilar de esta pizca estética.

El equipo de SCUM OF THE EARTH se reúne con Gordon Lewis para crear BLOOD FEAST. Piernas, ojos, lenguas, cerebros y un asesino con el pelo blanco son en realidad los que protagonizan este cuento macabro que intenta, sin éxito, crear el misticismo de un seguidor (Mal Arnold) de una diosa egipcia llamada Ishtar, la cual pedía como sacrificio a bellas chicas en bikini, como las que Gordon Lewis era capaz de ofrecer en sus Nudies Cuties. Una de esas chicas es la heroína de la historia (Connie Mason, la chica de la que leíste en PlayBoy y a la que parecer Herschell odiaba), quien observa avecinarse, con su nariz puntiaguda, la espectacular fiesta de cumpleaños que su madre va a darle. Pero hay dos problemas pincelados con las reacciones típicas de la tragedia “Lewisiana”. La chica es una aficionada a la cultura egipcia y es novio del detective (William Kerwin) que está siguiendo la pista del malvado asesino… asesino quien también trabaja en una tienda egipcia que presta los servicios de fiesta sorpresas egipcias a jóvenes hijas aficionadas a la cultura egipcia.
¡Oh, el destino Lewisiano!

BLOOD FEAST es todo terror, cero calidad y muchas tripas. Los actores, tal vez a excepción de Kerwin, viven bajo el reinado absoluto de la sobreactuación. Lógico, sin embargo. BLOOD FEAST es una película desarrollada en todos sus aspectos a través de la sobre-exposición, no solo en sus performances, sino en sus mismos efectos especiales, cuyos han declarado una intención del asco y del impacto, ganando terreno en su filiación y compromiso explotativo.

BLOOD FEAST, tanto hoy como en el día de su estreno, tiene una intención clara: la de entretener asqueándolo a usted, espectador. Gordon Lewis entiende la artificialidad de manera inconsciente con su tratamiento de bajo presupuesto: la exageración lo es todo en el gore pero, para nuestro espectáculo, la artificialidad (Y la consciencia del publico de ella), hacen de la experiencia grand-guiñolesca verídica: el espectáculo cinematogrotesco autentico.

Es precisamente eso, una película descarada, que le bota a su audiencia hasta las tripas, con tal de entretenerlo, impactarlo, y darle más que un disgusto. Su calidad es debatible, claramente, pero si algo es claro es su importancia histórica. El cine se convierte en una exposición de fascinaciones, como siempre lo ha sido. En épocas violentas como las de hoy, en donde ya nada explicito poco o nada nos sorprende resulta haber algo que si lo hace. Es ver como una película, barata e ingenua como BLOOD FEAST puede mantener esa misma fascinación después de casi cumplir una mitad de siglo de grotesca génesis. Eso sorprende y de alguna forma, para los que entiendan el chiste, se admira.

F.

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